martes, 29 de diciembre de 2020

A este lado del paraíso (Scott Fitzgerald)

Esta novela consta de tres partes: 1, El ególatra romántico; 2, Intermedio 1917-1919; y 3, La educación de un personaje. El héroe, Amory Blaine, recorre una senda contradictoria: por un lado, la trayectoria ascendente de su educación intelectual (digamos también espiritual, ética), por el otro, la línea descendente de su poder material. Este joven, que fue a los mejores institutos educativos, que era hijo de padres acaudalados, termina prácticamente empobrecido, debido a las oscilaciones de la bolsa, los desastres económicos y los trastornos de la guerra. En esta obra presenciamos las vivencias de una generación de muchachos ricos, entre sus ambiciones y sus búsquedas, pervertidos por un ostentoso y hueco materialismo. Asistimos también a un vuelco generacional donde la moral de la juventud se relaja y se desenvuelve entre la independencia y el escándalo. Un aire juvenil atraviesa las páginas de esta novela. Amory Blaine, cuyo sueño es ser escritor, hereda un patrimonio mermado, que termina por agotarse en las transacciones bursátiles. Este personaje vive todo el desorden y el desamparo que sigue a la Primera Guerra Mundial. Debe organizar su vida solo, compartiendo un apartamento con otros jóvenes o viviendo en hoteles. Otro rasgo de este héroe es su eterno fracaso en el amor. Rosalind, la única chica que lo cautiva, lo deja por un partido más prometedor. Las jóvenes quieren hombres apuestos, adinerados. Pero Amory Blaine ha sido excluido del círculo de los millonarios. Cuando el abogado que atiende sus rentas le comunica que las últimas acciones en los tranvías son cosa perdida, Amory se consuela pensando que con los 24 dólares que aún le quedan puede comprar 480 buñuelos. Por lo demás, no se preocupa: puede dormir en un parque.  

martes, 22 de diciembre de 2020

La muerte de Iván Ilich (León Tolstoi)

Iván Ilich tiene cuarenta y cinco años, y está en la etapa más exitosa de su carrera, cuando le ataca la enfermedad. Ostenta el cargo de magistrado. Lleva una existencia agradable, ajustada a las reglas del decoro: amistades aristocráticas, una familia  decente, criados, cenas, bailes, whist. Las disensiones con la mujer agrian el matrimonio. Pero su vida es suave, disciplinada, como debe ser. Siempre tuvo como regla de conducta el modelo de las clases más elevadas. ¿Qué más le podía faltar? Sin embargo, no se siente satisfecho. Siempre existe un grado superior al que acceder en la esfera de esa jerarquía de clases. Se arrellana todo el tiempo en el engaño de que vive como es debido. Embebido por el desempeño de su trabajo, en este encuentra alivio contra las ingratitudes de la vida hogareña. Ha ascendido de funcionario en provincias a juez de instrucción, más tarde, a sustituto del fiscal, luego a fiscal. Por vivir en un orden superior a sus ingresos, se endeuda. Esto le inquieta. Quiere hacerse con el puesto de presidente del tribunal en una ciudad universitaria. Le ignoran en varias oportunidades. Viaja a San Petersburgo a intrigar. Al fin consigue lo que deseaba. Se traslada al nuevo lugar a preparar la instalación de la familia, a la vez que se integra a sus funciones de jurisconsulto. Está muy alegre y él mismo se encarga de  buscar la casa apropiada a su condición, entregándose de lleno a la remodelación. Al arreglar algo en una ventana, hallándose trepado en una escalera, cae y se golpea en el costado.

Lo que sigue para Iván Ilich es la amarga rebeldía de renunciar a lo que, hasta entonces, significa todo en su vida. Y, sobre todo, el indecible sufrimiento al constatar que los que dicen profesarle respeto y amor, solo actúan al impulso de sus conveniencias. Incluso entre los miembros de su familia siente el dolor del destierro, de la desabridez, el abandono. Iván Ilich rezuma hiel, sufre, se agita, atraviesa el indescriptible calvario de su enfermedad. Los sufrimientos físicos son tan terribles que hacen que el paciente lance alaridos día y noche. Solo halla comprensión en un sincero y noble criado (Guerásim), quien evita engañarlo asegurándole que se recuperará pronto (como hacen los médicos y parientes), sino que lo acompaña y atiende con modestia y calidez, sabiendo que su amo morirá. Iván Ilich acaba apreciando más la áspera sinceridad del sirviente que los falsos halagos de sus familiares. Al final, su alma se sosiega. Descubre que los demás no tienen la culpa de sus padecimientos (y, por tanto, no debe tratarlos con rencor), que solo en él debe buscar las causas de su estado. Purificado por el dolor, acepta su destino y muere tranquilo. Sus últimos momentos no pueden ser más lúcidos, engrandecidos por una serena bondad. Se dice que estaba en un error, que su vida no fue lo que debió ser. Esa verdad lo apacigua y lo conduce al más allá. Ya no existían los tormentos. La muerte misma había desaparecido.

En este relato, la visión de Tolstoi con respecto a los seres humanos es amarga y cruel, pues presenta a los hombres en su faceta más materialista y cínica. Aparte de los episodios donde  Iván Ilich recuerda su infancia (la época más bonita), el autor disecciona a la sociedad, mostrándola como un tinglado de marionetas movidas por el interés personal, donde no hay bondad ni clemencia. Al oír hablar del óbito de Iván Ilich, el primer pensamiento de sus colegas de gabinete es el de las repercusiones de aquella muerte en el traslado o el ascenso de sí mismos o de sus conocidos. Y Praskovia Fiódorovna, la viuda, durante las exequias, interroga a Piotr Ivánovich si hay alguna estratagema para lograr que la pensión del difunto quede más crecida. Este la desinfla al responderle que no es posible hacer nada en este sentido.


jueves, 10 de diciembre de 2020

El jardín de los Finzi Contini (Giorgio Bassani)

Esta novela versa sobre la vida de los núcleos judíos de Ferrara durante los años del floreciente fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Los Finzi Contini, familia hebrea, se constituyen en el eje en torno al cual gira la historia. Son gentes ricas, privilegiadas, que moran en una residencia señorial, en un "Jardín" de varias hectáreas, objeto de interés (junto con el panteón particular de los Finzi Contini) del narrador. En esta obra puede verse la normatividad y el culto que la religión judía impone a sus fieles: la asistencia a la sinagoga, la celebración de las festividades. También es evidente el grado de acatamiento de las tradiciones, diferente en unos y otros. Los Finzi Contini son respetuosos de la ley judía, puntuales, incluso exclusivistas (durante varios años utilizan una sinagoga privada), en tanto que el narrador y el padre de este se muestran fríos y apáticos en tal sentido. Más que la religión es la circunstancia política la que trasciende en esta novela. El régimen de Mussolini instaura leyes que discriminan a los judíos. Verbigracia, la ley racial. Esta cláusula cambia la vida de los judíos, que van siendo expulsados de las instituciones y cargos que ocupaban, del trabajo, del club de tenis, de la escuela. Esto da origen a una especie de ghetto judío en Ferrara. Los Finzi Contini parecen estar al margen de estas modificaciones. Siguen viviendo como siempre, con la misma servidumbre, saltando sobre la disposición gubernativa de poseer solo un criado en su Barcceto del Duca. El profesor Ermano, cabeza de los Finzi Contini, nunca acepta el carné del Fascio, cosa que rechaza sobornando con dinero al gobierno. Parecería que para él son gratos todos estos trastornos que aíslan a los judíos de los demás. La riqueza les permite vivir con cierta independencia. Sus hijos (Alberto y Micol) no fueron a la escuela normal, sino que se prepararon con profesores particulares. No obstante, con el advenimiento de Hitler y el agravamiento del Código Antisemita, los judíos, sin importar su condición, van a sufrir los rigores de la guerra, los campos de exterminio, la disolución de un pueblo. La novela de Bassani habla de esto y del amor, o del supuesto amor, entre dos jóvenes judíos, Micol y el que narra los hechos desde la desolación de la posguerra, cuando la familia Finzi Contini ya no existe y él, el narrador, no es más que un superviviente del cataclismo obstinado en revivir fantasmas. Este idilio trunco tiene como marco la casa de los Finzi Contini, la cancha de tenis, el bosque, el vergel, los campos, donde un grupo de jóvenes judíos, afectados por las leyes raciales (han sido expulsados del club de tenis de Ferrara), incluidos naturalmente Alberto y Micol, se refugian para solazarse en las tardes del languideciente verano. Entre los dos jóvenes nace ( o se intensifica, porque ya desde niños se conocen y aprecian) un sentimiento íntimo, que se confunde con el amor. Los paseos por el jardín se mezclan con las visitas a la casa de los Finzi Contini, que en un tiempo pareció ser un lugar vedado a los demás, pero que ahora recibe gratamente a los amigos de Alberto y Micol. Es a través de Micol como el narrador toca y ahonda en esos años idos, tristes, cada vez más brutales. Añora el amor que no pudo ser, porque Micol, maravillosa joven, como él graduada en letras, no consiente más que una amistad fraterna. Acaso él estuvo errado todo el tiempo, creyendo que Micol lo amaba de un modo distinto al que despierta la amistad. Ese aire tenebroso de la guerra que se va cerniendo sobre ellos parece ser el que los priva de la felicidad. Micol es una muchacha instruida, simpática, que hizo su tesis sobre Emily Dickinson. Es ella quien abre las puertas de su casa (la gentil familiaridad de sus parientes) al narrador, un advenedizo, si bien se mira. Sin embargo, aunque accede a la casa de los Finzi Contini y al trato amable del profesor Ermano, él siempre será un extraño allí. Al fin se dará cuenta, cuando Micol, sincera, le diga que no lo ama sino como una hermana.      

miércoles, 9 de diciembre de 2020

La guerra del fin del mundo (Mario Vargas Llosa)

Ficción que el escritor peruano conduce hasta el borde de lo sublime, valiéndose de un hecho histórico que, gracias a la técnica narrativa y a la magia del verbo, transforma en fruto de la más admirable literatura. Canudos es el nombre del escenario donde se lleva a cabo la confrontación que el título anuncia. Bahía (Brasil) son los círculos mayores donde se inscribe esta historia. Místico, fanático, embaucador, mesías, la figura de Antonio Consejero se alza como personaje principal del drama. En torno a él se va congregando un movimiento cada vez más nutrido y entusiasta, que pasa de fenómeno espiritual a lucha revolucionaria y, finalmente, a conflicto armado. El Consejero, santón del sertón, lidera este indescriptible acontecimiento que, de inofensivo brote, se torna en rebelión, germen que fermenta una guerra de dimensiones cada más grandes. Antonio Consejero peregrinaba por los pueblos del sertón con su túnica morada, su melena de nazareno y sus palabras apocalípticas. Las gentes desdichadas hallaban en él un gran consuelo. En realidad, nadie sabe su procedencia, su historia nos es vedada. Sólo sabemos de sus errancias por el sertón, ya adulto y profeta. Sus seguidores aumentan con sus romerías y caridades. La tendencia pacifista y espiritual de esta manifestación se cambia, de repente, en una pugna radical. En Brasil la monarquía ha sido destituida, dando paso a la república. El Consejero, en sus profecías del fin del mundo, declara que la república es el enemigo, el Can, y aboga, en cambio, por el restablecimiento del rey Sebastián. Mucho después, los analistas que, de una u otra forma, tuvieron que ver con Canudos, denominarán al Consejero como cabecilla de de una revuelta retrógrada y oscurantista. Los republicanos fueron estigmatizados con un odio visceral por parte del Consejero y sus adeptos. Ante la inminencia del Apocalipsis, estos místicos se refugian en Canudos (apropiándose de las tierras del barón de Cañabrava) para fundar un reino de elegidos, una ciudad santa. Allí comenzó la guerra, en el intento de desalojar a los invasores de la propiedad ajena y mediante la ponzoña tergiversadora de los intereses políticos en lid. Canudos se convierte en la diana adonde apuntan los más heterogéneos egocentrismos de Bahía y el Brasil. La cosa cobra una magnitud insospechada. Lo que era una simple invasión de tierras por un puñado de fanáticos, se muda en un conflicto que amenaza la paz nacional. En Canudos se dan cita los personajes más dispares, los destinos más inverosímiles (Galileo Gall, el anarquista, el periodista miope, etc.) cada uno impulsado por ambiciones diversas. Los "dementes" se vuelven fuertes en Canudos, se organizan, forman una sociedad de los pobres, de los marginados, de los que creen en el fin del mundo y en la maldad de la república. La fe cunde y da origen al establecimiento de un orden basado en el amor al Buen Jesús Consejero. El ejército de Bahía ( y luego el de Brasil) se ve implicado en el asunto y, tras sucesivas y deshonrosas derrotas, lanza un ataque ciego y demoledor. La rebelión es arrasada, millares de fanáticos masacrados. Pero las pérdidas militares son enormes. Al final, sobre Canudos se hila la fábula que tiende a ocultar la verdad, a deformar los hechos, a cubrir la verguenza. Sobre un hecho que alcanzó repercusión internacional se tejen y destejen versiones fundadas en distintos intereses y temores.