lunes, 30 de septiembre de 2019

Garva

El rey Garva convocó a sus súbditos y les dijo:
-Quiero hacerles un precioso regalo.
En la corte hubo un gran suspenso. El rey Garva era conocido como un hombre sabio y prudente. Todo el mundo sabía de su generosidad. Todos se preguntaban cuál sería ese precioso regalo que les ofrecía. Algunos soñaban con tierras, otros con joyas, unos más con importantes cargos  en el reino. Pero los más juiciosos se decían que el rey Garva les obsequiaría lo más valioso de su corazón.
No podía ser de otro modo. Durante toda su vida el Gran Garva se había distinguido por su nobleza de alma y por su enorme inteligencia. Había sido un ejemplo de amor y bondad. Su poder era inmenso, su riqueza incontable. Contrario a otros monarcas, el Gran Garva jamás se valió de la guerra para extender sus dominios. Era un hombre conciliador, amante del diálogo y la justicia.
Todos estaban pendientes de las palabras de Garva. La corte entera respiraba una paz donde se escuchaba el cantó de los pájaros y el vuelo de las mariposas. En el rostro del Gran Garva brilló una dulce majestad, al tiempo que decía:
-Mi regalo es el silencio.

En el acto todos sintieron que en su interior brotaba una música tierna y cristalina como las aguas de las montañas. Se dieron cuenta de que Garva había usado su extraordinaria fuerza mental para compartirles lo más bello de su ser, porque Garva era ni más ni menos que uno de los grandes Magos de Oriente.