Para que no digas que nos cruzamos
Tuerzo el rumbo, salto el adoquín.
Nada de equívocos, exacto el gesto
Con el que me lavo las manos.
Para que no digas que convergimos
Desando los pasos, deshago el jardín.
Nada de equívocos, la rosa no sueño
Y tampoco la espina omitimos.
Para que no digas que nos miramos
Desisto de Cupido y su querubín.
Nada de equívocos, el sol era ciego
En esa fábula que nos contamos.
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