Ahora es mucho más fácil seguir que parar. Ahora es preciso seguir. Es cierto que hay cansancios, vacilaciones, desesperanzas, pero sigue siendo más fácil continuar que detenerse. Se ha hecho ya un gran camino y, hay que reconocerlo, hemos recogido frutos. Hay todo un bagaje, todo un cúmulo, una experiencia, esto ha de contar para algo. Se tiene lo más valioso, lo más arduo de adquirir, la disciplina. Hay proyectos en la escarcela, ideas de una u otra índole, así que es más fácil seguir que renunciar. Qué montaña de escritura has levantado. Esto es visible en tus libretas, en el quehacer personal, no publicado. Ahí está todo ese mar de material, toda esa espesura que aguarda ser aclarada y enhilada. Sea como fuere, te es consustancial el rito de sentarte a escribir, enlazar una palabra tras otra, y en ocasiones hasta resulta bien logrado. Por eso hay que seguir. Quizás ahora sea cuando vengan los productos más decantados, las obras verdaderas. ¿Qué opinas de esto? Ahora sólo necesitas un poco más de tiempo, la concentración ideal, el verbo definitivo. Nada más. Será, sin embargo, como partir de cero, como dejar atrás la vieja piel de la serpiente, vestirse otras escamas, adentrarse en otras travesías.
La travesía del lenguaje, tu lenguaje. De una u otra forma, ya has hecho un estilo, cosa que no es tan sencilla de agenciarse. Has hecho un tono, un mundo ficcional en el que te reconoces. No es una conquista baladí. Es desde ahí que debes partir. Ahora es cuestión de carácter, cuestión de cojones. Seguir, tal como lo haces en este instante, cuando te has sentado a mecanografiar este apunte. Las cagarrutas de ratones, las hormiguitas laboriosas. Ahí están, y han estado contigo desde años atrás, cuando iniciabas esta aventura del lenguaje. No te han desamparado, y en ellas has encontrado una patria. Es por esto que es preciso seguir. Todo lo que resulte será ganancia. Jamás has soñado con un éxito comercial, tampoco te espanta el fracaso, así que sólo resta una cosa: seguir. Y de verdad que sigues. Sigues escribiendo, escribiéndote, buscándote en las historias. Sigues en la brega, que es el intento de resguardar el amado paraje de los sueños, el solar de los ancestros. Sigues. Y en tanto avanzas, revelas a ese otro que está tras de ti, ese otro que se esconde en la apariencia, que se disfraza en tu cuerpo.
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