1.
Gromiche. O las fétidas mentorías del olvido.
Y las moscas, como por un Anillo de Mobius
Vienen desde Apartadó a las sofocadas molicies
De la sierra.
Tagua. Fuerte es la mancha del banano.
Verde es el mar en esa tierra, y una carretera
Serpentea por una región horadada de túneles
Donde se pudre la fruta y el hombre.
Tarcila. Tu era de hortalizas en el resol.
Tu día comienza con los pájaros
Y la porquería de la suegra en el baño.
¡Qué vida! Bastantes meados limpias a tus hijos.
Was. Y los aletazos de un tedio que Newton
Jamás soñó. Como un fantasma ruidoso
Recorre el sopor de los campamentos.
Y las perfumadas hedentinas me acogen.
2.
Montgomery, Donalson, esa puerta
Donde no entra el machacón voceo del vendedor
Callejero: "Lo vendo, lo vendo."
Es sábado en el mundo: en Medellín es Sarro.
Ese árbol, a cuya sombra jamás se recogerán
Los hombres que trafican con la vida. Cerca
De Coltrane, de Miles Davis: Allí. De eso
Es que te hablo: del saxo.
Una manzana que Adán despreciaría
Se la pasan de mano en mano
Los usurpadores del paraíso ácido.
Sabio Adán, cuyo ángel eligió una trompeta.
Disfrazado de ejecutivo, el de Patmos
Pasa comiendo un helado de vainilla.
Si no es con Miles Davis, vendedor callejero,
No me atraerás a tu chillona mercadería.
3.
Un portillo entre una manga y un sembrío
De Café. La bajada hasta una cañada
De aguas enrenacujadas. Muchas montañas
Y un niño solo bajo un cielo altísimo.
La mata de mortiños con sus frutillas
Malváceas. Decían que era comida
De culebras. Como las moras
No había. Silvestres.
Un niño solo sobre la tierra hondísma.
Tres maderos bastos hacían
La entrada al Edén. Y ese niño sol
Se volvió nube. Se volvió camino.
Por los cafetales el carate de los guamos.
Los plátanos también daban sombra.
Es un viaje infinito e ignorado:
El de ese niño solo dentro sí mismo.
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