sábado, 15 de diciembre de 2012

Cuándo es suficiente

Sé cuándo es suficiente.
Como la hoja cuando va a caer
Sólo requiere la fuerza necesaria
El leve desfallecimiento que la desgaja
Así yo sé cuándo debo quedarme o persistir.
Tengo una larga historia de derrotas.
Pero mi espíritu retiene el calor
De un triunfo inédito, suntuoso
Como las nubes del verano.

Sé cuándo es suficiente.
Como el agua en el vaso no rebosa
Hasta que la última gota
Realiza el acto de pistón
Así mi corazón está tranquilo.
Tengo un álbum completo de tormentas.
Pero sé capear ventarrones.
Y a la vuelta de los días
El mar está de nuevo en calma.

Sé cuándo es suficiente.
No hice un casting para mártir.
Veo en la luz el peso que la cansa
y en la sombra leo el decreto
Que le da libertad.
Tengo todo un libro de látigos.
Sin embargo, por un sencillo truco de inteligencia,
Sé convertir toda caída en ascención.
              

viernes, 10 de agosto de 2012

Soy un cantautor

Soy un cantautor. Creo canciones, textos que se cantan, y luego los armonizo y acompaño con la guitarra, instrumento en el que he ido adquiriendo pericia.

Clay Montalvo es mi nombre artístico en lo concerniente al cantautorismo. Este nombre surgió una noche así de repente, estalló blando en mi cabeza.

Lo dejé, lo adopté: Clay Montalvo.

Averigué en internet y sólo hay una persona en el mundo con este nombre, un sujeto de Estados Unidos. El apellido Montalvo es común por allá, sobre todo en la comunidad latina. El nombre Clay tampoco es raro. La unión de ambos, sí.

Algunas de mis canciones:

-Esa no es la pregunta  
-Semilla del Edén
-El Tren de la Desesperanza
-Luz de mi camino
-País en que vivo
-Música es vida
-No se perdió el Paraíso
-Brindaré
-Cuánto vale un sueño
-Como Casius

Y muchas más.

jueves, 21 de junio de 2012

Zorobabelia Córdoba

Ella corrió por el país.
Fue de lo mejor que hubo aquí.
Ella creyó que Dios
Da valor para vivir.
Hoy lucha por su dignidad
Lucha por una pensión
Para vivir... En este país.

La anterior es la letra de una canción que escribí en honor a Zoro hace por ahí dos años, cuando tuve la fortuna de entrevistarla y pergeñar una crónica para el Heraldo de Barranquilla. Esta canción se deslizó, con la fuerza de los fenómenos revulsivos, anoche, luego de ver el reportaje que RCN pasó por la televisión sobre la atleta de Tutunendo.

Constaté con horror que tras dos años de entrevistarla y cuatro de ella estar luchando, su demanda aún no ha tenido respuesta favorable. ¿Qué exige? Que las Empresas Públicas, entidad donde laboraba al momento de su retiro forzoso, modifiquen la naturaleza del motivo por el cual le adjudicó una pensión: de enfermedad común a accidente de trabajo. Bajo esta segunda denominación, el monto de la pensión sería del 100 por ciento, mientras que en la otra es del 60, razones justas para que Zoro instaure su reclamo.

A Zoro se le quebró la voz ante las cámaras al momento de confesar que perdería su vivienda. Lo cierto es que, del tiempo en que la entrevisté a esta fecha, sus esfuerzos siguen siendo inútiles, pese a que algunos amigos han tratado de crear conciencia a través de los medios. Cuesta mucho remover la costra de indiferencia que obstruye la razón y los sentimientos de las personas que pueden otorgar justicia y beneficiar a Zoro.

Además de ser deportista extraordinaria, Zoro es una mujer estudiada. Es Tecnóloga en Deportes del Politécnico Jaime Isaza Cadavid. También es madre de familia, esposa, mujer devota, que celebra a Dios como dador de todas las cosas. Su historial atlético es deslumbrante, ejemplo para las nuevas generaciones. Aprovechó sus dotes naturales y las combinó con una voluntad a prueba de dificultades y frustraciones. Con esa tenacidad con la que encaró los desafíos musculares, enfrenta y prosigue el proceso jurídico contra sus rivales ante la ley.

Porque no desfalleció en los momentos en que le faltó apoyo en su desempeño de atleta y  a veces tuvo que entrenar con el estómago silbando; porque no claudicó cuando en los estadios tenía ante sí contendores de respeto, sino que los venció y puso en alto el pabellón de Colombia; porque supo soportar los ataques disctimitarorios, los más por su color de piel, que encontró a cada paso; porque no desfallece en su empeño de darle una situación digna y desahogada a su familia; porque todavía es una figura digna de imitar en todo aspecto; por esto Zorobabelia Córdoba, La Perla Negra de Tutunendo Chocó, sigue luchando.

Y pareciera que sus limitaciones de salud, que son muchas, pasaran a segundo término ante este imperativo tan grande: luchar. Porque, a raíz de su accidente, ha soportado cirugías, sufrimientos físicos inmensos, largas terapias. Si es vulnerable la psiquis de los individuos normales, cómo será la de alguien que tuvo  un cuerpo combativo con el que conquistó laureles y satisfacciones personales. Es natural que Zoro se deprima y llore, que sienta guayabo y nostalgia. Con el trato adverso que le dan a su reclamación quizás no se la daña tanto en lo material como en lo psicológico. Y estos daños son irreparables.

Pero así son las cosas en este País. País donde figuras de serrín son ensalzadas mientras que otras, que representan altamente nuestra identidad, que salen de la nada y escalan con decisión peldaños ordinariamente negados, que encarnan valores vitales, son postergadas, ignoradas, maltratadas.

¿Qué fue lo que todos vimos en la tele? No fue sólo la imagen de Zorobabelia  Còrdoba llorando porque va a perder su casa. Fue la imagen  de la de la mujer en este país, de rostro múltiple, con una sola condición: la discriminación y el abuso.

A través de Zoro vimos la tragedia de un ser, la mujer, que no acabamos de asumir como nuestra otra mitad, nuestro complemento en materia y espíritu.

A través de Zoro vimos a  la mujer indefensa; vimos a la mujer asaltada, violada, asesinada; vimos a la mujer perseguida y acosada; vimos a la mujer sin escapatoria en esta sociedad de caníbales, de enfermos, de monstruos.

A través de Zoro vemos también la esperanza, palabra trillada como ninguna otra, pero a través de la cual vislumbramos semillas, tallos, espigas, frutos. Vemos la tenacidad de una mujer que ha perdido muchas cosas (y quizás el olvido no sea el peor de sus males) y sin embargo no ha renunciado al derecho elemental de una vida digna.  

    

sábado, 12 de mayo de 2012

1.
Gromiche. O las fétidas mentorías del olvido.
Y las moscas, como por un Anillo de Mobius
Vienen desde Apartadó a las sofocadas molicies
De la sierra.

Tagua. Fuerte es la mancha del banano.
Verde es el mar en esa tierra, y una carretera
Serpentea por una región horadada de túneles
Donde se pudre la fruta y el hombre.

Tarcila. Tu era de hortalizas en el resol.
Tu día comienza con los pájaros
Y la porquería de la suegra en el baño.
¡Qué vida! Bastantes meados limpias a tus hijos.

Was. Y los aletazos de un tedio que Newton
Jamás soñó. Como un fantasma ruidoso
Recorre el sopor de los campamentos.
Y las perfumadas hedentinas me acogen.

2.

Montgomery, Donalson, esa puerta
Donde no entra el machacón voceo del vendedor
Callejero: "Lo vendo, lo vendo."
Es sábado en el mundo: en Medellín es Sarro.

Ese árbol, a cuya sombra jamás se recogerán
Los hombres que trafican con la vida. Cerca
De Coltrane, de Miles Davis: Allí. De eso
Es que te hablo: del saxo.

Una manzana que Adán despreciaría
Se la pasan de mano en mano
Los usurpadores del paraíso ácido.
Sabio Adán, cuyo  ángel eligió una trompeta.

Disfrazado de ejecutivo, el de Patmos
Pasa comiendo un helado de vainilla.
Si no es con Miles Davis, vendedor callejero,
No me atraerás a tu chillona mercadería.

3.

Un portillo entre una manga y un sembrío
De Café. La bajada hasta una cañada
De aguas enrenacujadas. Muchas montañas
Y un niño solo bajo un cielo altísimo.

La mata de mortiños con sus frutillas
Malváceas. Decían que era comida
De culebras. Como las moras
No había. Silvestres.

Un niño solo sobre la tierra hondísma.
Tres maderos bastos hacían
La entrada al Edén. Y ese niño sol
Se volvió nube. Se volvió camino.

Por los cafetales el carate de los guamos.
Los plátanos también daban sombra.
Es un viaje infinito e ignorado:
El de ese niño solo dentro sí mismo. 





     

sábado, 14 de abril de 2012

Sthepen Dedalus

¿Qué hay del joven Dedalus de El retrato del artista adolescente? Le tomamos cariño a este literato en ciernes, quien se prenda de Aristóteles Tomás de Aquino, que se educa con religiosos y acaba abjurando de la fe y de la iglesia católica, que también reniega del amor y de la patria (lengua, costumbres, etcétera) y, finalmente, se marcha de Irlanda. ¡Oh Sthepen, Esteban!Suerte, amigo. Que tus ancestros y tus espíritus te acompañen y te sean propicios. ¿Italia? ¿Francia? A donde vayas irás enlegañado de fantasmas y deseos.

No estabas solo, tenías a tu madre, a tu padre (el versátil Simón Dédalus), a tu manojo de hermanos menores, a tu amada ideal, a tus amigos de estudio (Cranly, Lynch, Devin, que afectuosamente te llamaba Stevie). Te educaste con curas y casi llegas a ser uno de ellos. Pero era más fuerte el llamado de la vida, de la literatura, y a ellas diste el Sí. Eras toda una lumbrera. Qué sesudas disquisiciones elaboras sobre el arte, la belleza, la estética. Me agradó el análisis de la progresión abarcadora que ves en la lírica, la épica y el drama, cómo uno es sucesión, complemento y superación del otro. Según esto el drama sería el género literario expresivo por excelencia. En éste el autor no se ve, oculta, se pierde. Los personajes y la acción son todo.

En ti asistimos a la formación de un individuo, de un artista de la palabra: sus potencias, sus dudas, sus braceos, sus conquistas. En cuanto a lo primero, vas de la timidez a la osadía; en lo segundo, de los balbuceos a una riqueza en progreso.

Al final vemos como el avance en el arte se corresponde con la expresión de nuevas formas literarias: el diálogo y el diario aparecen como entes narrativos afianzados, con notoria personalidad.

  

jueves, 5 de abril de 2012

Las rebabas del diablo

En la novela Las rebabas del diablo, Singleton Purb, personaje principal, desde la ficción, con deje jocoso, dialoga con Goovaerts, con la ciudad. La ciudad, Medellín, es ese personaje totalizador, en torno al cual se desenvuelve la acción, cuyo pretexto es la visita a un museo emprendida una tarde de diciembre por Singleton y dos amigos. Guillo, un lustrabotas que ha trajinado Calibío y Bolívar por décadas, funge de contrapunto heroico.