Música es música, independiente de todo lo demás. Las categorizaciones humanas no la merman en lo más mínimo. Música es cómo sientes, cómo vives. Cuando la vida dispone que esa esencia interior debe transmitirse en un sustrato formal, entonces nos valemos de la expresión (el pentagrama, un instrumento, la voz, en fin), pero la esencia no se desvirtúa, sigue siendo la misma, música y nada más.
La música irriga todas las manifestaciones del universo, de la naturaleza y de la vida. El academicismo y las clasificaciones intentan encasillar en severos patrones este fluido del alma. Sin embargo, todo es música. La sensación, la emoción, el pensamiento, la voluntad, todo es música.
Además, en un plano social, la música conlleva un enaltecimiento moral. Desde unas determinaciones profundas, la música cincela en nuestro ser una invaluable joya, realiza la cristalización de lo bello.