Los pájaros atisban la raya del día.
En sus nidos tibia es la palabra.
Los pájaros no se jactan de nada.
En sus picos la vida es poesía.
Los pájaros tornan a mi letra baldía.
En sus plumas lidian viejas sagas.
Los pájaros no se jactan de nada.
En sus ojos la muerte porfía.
Los pájaros degluten fantasía.
En sus noches afilan garras.
Los pájaros no se jactan de nada.
Nada esperan del día.
domingo, 6 de julio de 2014
Jean Val Jean, Fantina, Cosette, Mario, Javert, piezas de ese calidoscopio que es Los miserables, la novela de Víctor Hugo. Jean Val Jean, un hombre redimido por el sufrimiento: el presidio injusto, la muerte de Fantina, el acoso de Javert. Mario y Cosette, una historia de amor con un final feliz. Javert, un maníaco del orden, un policía severo como un monje. Este inmenso telón tiene por trasfondo las revoluciones francesas, ese imperativo de igualdad que brota desde las profundas raíces del pueblo. Mario es un libertario. Otra figura, imponente en su gloria y su derrota (oh, Waterloo), es Napoleón Bonaparte, a quien la ambición hizo caer. Las potencias europeas (Alemania, Inglaterra, Holanda) se coligaron y lo derrotaron.
Marianella
Estas palabras que escribo hoy son en recuerdo de Marianella, la muchacha que, en mi clase de español, cantaba con entusiasmo la canción Mariposas Amarillas.
Siempre me decía que tenía una guitarra, que le gustaría aprender a tocarla. Me pidió que le enseñara y yo le dije que bueno. Ella quedó de traer la guitarra al colegio, pero nunca lo hizo.
Por esas cosas de la intolerancia y de la violencia, Marianella murió un fin de semana.
Cuando canto Mariposas Amarillas, me acuerdo de ella, y me digo: "Esta es su canción".
¿De quién más puede ser?
Cuando me enteré de su muerte, escribí una canción: "Ella".
La he cantado a los alumnos en mi clase.
Dice así:
Ella se fue para un viaje largo.
Ella quizás va caminando
De regreso a la eternidad
Donde sólo existe paz.
Ella se fue en pleno verano
Sólo tenía catorce años
Y canciones por cantar
Y sueños por alcanzar.
Ella se fue, es tan extraño
Su imagen viene cada rato
A alumbrar la oscuridad
A impulsarme a continuar.
Estas palabras que escribo hoy son en recuerdo de Marianella, la muchacha que, en mi clase de español, cantaba con entusiasmo la canción Mariposas Amarillas.
Siempre me decía que tenía una guitarra, que le gustaría aprender a tocarla. Me pidió que le enseñara y yo le dije que bueno. Ella quedó de traer la guitarra al colegio, pero nunca lo hizo.
Por esas cosas de la intolerancia y de la violencia, Marianella murió un fin de semana.
Cuando canto Mariposas Amarillas, me acuerdo de ella, y me digo: "Esta es su canción".
¿De quién más puede ser?
Cuando me enteré de su muerte, escribí una canción: "Ella".
La he cantado a los alumnos en mi clase.
Dice así:
Ella se fue para un viaje largo.
Ella quizás va caminando
De regreso a la eternidad
Donde sólo existe paz.
Ella se fue en pleno verano
Sólo tenía catorce años
Y canciones por cantar
Y sueños por alcanzar.
Ella se fue, es tan extraño
Su imagen viene cada rato
A alumbrar la oscuridad
A impulsarme a continuar.
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