lunes, 11 de marzo de 2013

Fahrenheit 451

En Fahrenheit 451 R. Bradbury nos advierte, por medio de una impactante metáfora, sobre la suerte adversa que podrían correr los libros en el futuro, en una sociedad donde los recelosos tentáculos del poder y la intolerancia alcanzan niveles patológicos.

Es la historia de un fireman cuyo trabajo consiste en quemar las casas de la gente que posee libros ("while the books went up in sparkling whirls and blew away on a wind turned dark with burning").

La metáfora aterriza en la realidad. Bradbury nos dice que hay distintos modos de quemar un libro (el Carvalho de Vásquez Montalbán quema uno o dos en cada novela), que el mundo está lleno de iracundos firemen, que cada grupo usurpa el derecho y el deber de regar keroseno sobre "lo distinto" y encender el fósforo; que incluso los editores se creen incorruptibles salvaguardas de la "buena" literatura, con la autoridad de cercenar y suprimir lo diferente. Lo diferente puede ser contagioso.

De esta novela de Bradbury se desprende que la intransigencia doctrinal es el principal enemigo del libro,
el cual peligra en su existencia y su mensaje por la acción vandálica del fanatismo. Pinta un porvenir de libros vaciados, de mentes clausuradas, de bibliotecas cerradas.

Nota: "Disgressions, incontestably, are the sunshine, the life, the soul of reading" (Lawrence Stern)