Zorobabelia Córdoba
Ella corrió por el país.
Fue de lo mejor que hubo aquí.
Ella creyó que Dios
Da valor para vivir.
Hoy lucha por su dignidad
Lucha por una pensión
Para vivir... En este país.
La anterior es la letra de una canción que escribí en honor a Zoro hace por ahí dos años, cuando tuve la fortuna de entrevistarla y pergeñar una crónica para el Heraldo de Barranquilla. Esta canción se deslizó, con la fuerza de los fenómenos revulsivos, anoche, luego de ver el reportaje que RCN pasó por la televisión sobre la atleta de Tutunendo.
Constaté con horror que tras dos años de entrevistarla y cuatro de ella estar luchando, su demanda aún no ha tenido respuesta favorable. ¿Qué exige? Que las Empresas Públicas, entidad donde laboraba al momento de su retiro forzoso, modifiquen la naturaleza del motivo por el cual le adjudicó una pensión: de enfermedad común a accidente de trabajo. Bajo esta segunda denominación, el monto de la pensión sería del 100 por ciento, mientras que en la otra es del 60, razones justas para que Zoro instaure su reclamo.
A Zoro se le quebró la voz ante las cámaras al momento de confesar que perdería su vivienda. Lo cierto es que, del tiempo en que la entrevisté a esta fecha, sus esfuerzos siguen siendo inútiles, pese a que algunos amigos han tratado de crear conciencia a través de los medios. Cuesta mucho remover la costra de indiferencia que obstruye la razón y los sentimientos de las personas que pueden otorgar justicia y beneficiar a Zoro.
Además de ser deportista extraordinaria, Zoro es una mujer estudiada. Es Tecnóloga en Deportes del Politécnico Jaime Isaza Cadavid. También es madre de familia, esposa, mujer devota, que celebra a Dios como dador de todas las cosas. Su historial atlético es deslumbrante, ejemplo para las nuevas generaciones. Aprovechó sus dotes naturales y las combinó con una voluntad a prueba de dificultades y frustraciones. Con esa tenacidad con la que encaró los desafíos musculares, enfrenta y prosigue el proceso jurídico contra sus rivales ante la ley.
Porque no desfalleció en los momentos en que le faltó apoyo en su desempeño de atleta y a veces tuvo que entrenar con el estómago silbando; porque no claudicó cuando en los estadios tenía ante sí contendores de respeto, sino que los venció y puso en alto el pabellón de Colombia; porque supo soportar los ataques disctimitarorios, los más por su color de piel, que encontró a cada paso; porque no desfallece en su empeño de darle una situación digna y desahogada a su familia; porque todavía es una figura digna de imitar en todo aspecto; por esto Zorobabelia Córdoba, La Perla Negra de Tutunendo Chocó, sigue luchando.
Y pareciera que sus limitaciones de salud, que son muchas, pasaran a segundo término ante este imperativo tan grande: luchar. Porque, a raíz de su accidente, ha soportado cirugías, sufrimientos físicos inmensos, largas terapias. Si es vulnerable la psiquis de los individuos normales, cómo será la de alguien que tuvo un cuerpo combativo con el que conquistó laureles y satisfacciones personales. Es natural que Zoro se deprima y llore, que sienta guayabo y nostalgia. Con el trato adverso que le dan a su reclamación quizás no se la daña tanto en lo material como en lo psicológico. Y estos daños son irreparables.
Pero así son las cosas en este País. País donde figuras de serrín son ensalzadas mientras que otras, que representan altamente nuestra identidad, que salen de la nada y escalan con decisión peldaños ordinariamente negados, que encarnan valores vitales, son postergadas, ignoradas, maltratadas.
¿Qué fue lo que todos vimos en la tele? No fue sólo la imagen de Zorobabelia Còrdoba llorando porque va a perder su casa. Fue la imagen de la de la mujer en este país, de rostro múltiple, con una sola condición: la discriminación y el abuso.
A través de Zoro vimos la tragedia de un ser, la mujer, que no acabamos de asumir como nuestra otra mitad, nuestro complemento en materia y espíritu.
A través de Zoro vimos a la mujer indefensa; vimos a la mujer asaltada, violada, asesinada; vimos a la mujer perseguida y acosada; vimos a la mujer sin escapatoria en esta sociedad de caníbales, de enfermos, de monstruos.
A través de Zoro vemos también la esperanza, palabra trillada como ninguna otra, pero a través de la cual vislumbramos semillas, tallos, espigas, frutos. Vemos la tenacidad de una mujer que ha perdido muchas cosas (y quizás el olvido no sea el peor de sus males) y sin embargo no ha renunciado al derecho elemental de una vida digna.