sábado, 14 de abril de 2012

Sthepen Dedalus

¿Qué hay del joven Dedalus de El retrato del artista adolescente? Le tomamos cariño a este literato en ciernes, quien se prenda de Aristóteles Tomás de Aquino, que se educa con religiosos y acaba abjurando de la fe y de la iglesia católica, que también reniega del amor y de la patria (lengua, costumbres, etcétera) y, finalmente, se marcha de Irlanda. ¡Oh Sthepen, Esteban!Suerte, amigo. Que tus ancestros y tus espíritus te acompañen y te sean propicios. ¿Italia? ¿Francia? A donde vayas irás enlegañado de fantasmas y deseos.

No estabas solo, tenías a tu madre, a tu padre (el versátil Simón Dédalus), a tu manojo de hermanos menores, a tu amada ideal, a tus amigos de estudio (Cranly, Lynch, Devin, que afectuosamente te llamaba Stevie). Te educaste con curas y casi llegas a ser uno de ellos. Pero era más fuerte el llamado de la vida, de la literatura, y a ellas diste el Sí. Eras toda una lumbrera. Qué sesudas disquisiciones elaboras sobre el arte, la belleza, la estética. Me agradó el análisis de la progresión abarcadora que ves en la lírica, la épica y el drama, cómo uno es sucesión, complemento y superación del otro. Según esto el drama sería el género literario expresivo por excelencia. En éste el autor no se ve, oculta, se pierde. Los personajes y la acción son todo.

En ti asistimos a la formación de un individuo, de un artista de la palabra: sus potencias, sus dudas, sus braceos, sus conquistas. En cuanto a lo primero, vas de la timidez a la osadía; en lo segundo, de los balbuceos a una riqueza en progreso.

Al final vemos como el avance en el arte se corresponde con la expresión de nuevas formas literarias: el diálogo y el diario aparecen como entes narrativos afianzados, con notoria personalidad.

  

jueves, 5 de abril de 2012

Las rebabas del diablo

En la novela Las rebabas del diablo, Singleton Purb, personaje principal, desde la ficción, con deje jocoso, dialoga con Goovaerts, con la ciudad. La ciudad, Medellín, es ese personaje totalizador, en torno al cual se desenvuelve la acción, cuyo pretexto es la visita a un museo emprendida una tarde de diciembre por Singleton y dos amigos. Guillo, un lustrabotas que ha trajinado Calibío y Bolívar por décadas, funge de contrapunto heroico.